Cuando uno carece de una musa... Se encuentra sin fuerza para escribir. Se le acaba la creatividad para pensar en esas historias que se van desarrollando en nuestras cabezas pensando como hacer para comenzar con una secuencia asimétrica de eventos que nos describen en lo mas profundo y se disfrazan en nuestra imaginación como seres que de alguna otra realidad salieron y así... quizás... conseguir el remate que tanto se quiere lograr para un final único en nuestra propia cabeza, todavía. Si nos queda algo dentro de la agonía de nuestra creatividad, quizás logremos sacar un par de remos para poder intentar movernos contra la corriente de nuestra cabeza que quiere dedicar su tiempo a pensar en otra cosa. Quizás logremos ponernos a pensar, a reflexionar, a reformular todas esas cosas en la vida que una vez tardamos en entender y quizás hoy en nuestro manifiesto personal de alfadismo, se nos de la suerte de lograr que nuestra neurona aun funcione para analizar una cosa mas por fuera de la vida cotidiana.
Llegar a la conclusión de que nuestra rutina nos aprisiona no es un hecho que pasa una vez en la vida. Permitirlo tampoco... pero ¿quien dice que nos tenemos que molestar inclusive en pensar en eso? ¿Quien dice también que la rutina es siempre exactamente igual?
¿Como seria nuestra vida si cada minuto en nuestro reloj fuera idéntico cada día que pasa de nuestras vidas?
No se... Tampoco me gustaría saberlo... pero al menos me divierto divagando y retomando mi escritura después de tanto y llegando a la conclusión de que después de todo la inspiración llego de algún lado solo para escribir boludeces y llegar hasta anda a saber qué renglón de esta nota medio rara que aun sigo escribiendo pensando en lo perdido que estoy, intentando expresar el hecho de que viven dándome vueltas imágenes raras que me hacen querer escaparme de esta ciudad de locos sin escrúpulos a alguno de los rincones de este país que no dejan flora ni fauna sin belleza y logran sacar de mi mente esas cosas desagradables que se ven en el día a día y me hacen imaginar mil cosas que me llenan de delirios que hacen que fluya mi creatividad.
Si la vida me deja algún día... lograre despertarme al pie de un monte en medio de un valle. Por ahora, me conformo con ser feliz pensando en como sacarle una sonrisa a la próxima persona que necesite una mano, un consejo, un oído. Es mi forma de intentar resaltar lo bueno que le queda a una sociedad que cada día, cada hora, cada minuto... cada segundo se va degradando y se va haciendo la máxima expresión de lo peor de nosotros. Así que... cuanto menos necesites para ser feliz, mejor vivís. Una sonrisa es la fuente de mi vida.
¿Y la tuya?
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